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El Principito

por | Abr 5, 2016 | Cine | 0 Comentarios

El emblemático libro de Antoine de Saint-Exupery, traducido a todos los idiomas y amado por niños y adultos de todo el mundo, era una tarea dura para cualquier creativo de cine. Es por eso que durante tantos años hemos estado esperando una adaptación que le haga justicia a la magia y ligereza de esas imágenes que todos conocemos tanto y que el propio Saint-Exupery se encargó de crear.

Mark Osborne, quien dirigió “Kung-Fu Panda”, fue elegido para la tarea y, según los que ya pudieron verla, no se equivocaron. Junto a la libretista, crearon una historia dentro de la cual se inserta, como si fueran muñecas rusas, la historia de un aviador que se encuentra con un niño en un desierto.

No solo las historias se separan, sino que se utilizaron dos tipos distintos de imágenes para los dos mundos: el real, donde vive la protagonista (La Niña), y el otro, que comenzó en ese encuentro mágico entre El Aviador y El Principito.

Para hacer la anécdota incluso más universal, esos son los nombres que reciben los personajes.

La Niña es una pequeña que vive con su madre y se prepara para entrar a una competitiva escuela que la preparará para luego entrar en alguna importante universidad y estar lista para la vida de adulta. En esa vida, completamente agendada en que pasa sus horas, no hay lugar para jugar ni ser niño.

Por esa razón, sus vacaciones están planeadas para ser pasadas estudiando y sin tiempo de descanso o juegos. Realizada en CGI (imágenes creadas por computación), esta primera parte aparece como lo opuesto al mundo lírico y de ensoñación de “El principito”. La Niña está siendo moldeada para ver el mundo a través de los ojos de los adultos, cargada de responsabilidades y tareas.

Mientras estudia y se prepara para entrar a la academia, entra por su ventana un avioncito de papel, lanzado por su extraño vecino. La Niña se desprende del papel arrugado y sigue lo que estaba haciendo; poco a poco, lejos de los ojos de su ocupada madre, La Niña y el Aviador entablan una amistad. Él la introduce en el mundo del desierto y El Principito, y sus viajes por pequeños planetas.

La Niña recibe páginas del libro, que entran por su ventana volando como el primer avioncito, que junta y lee por la noche. Por primera vez, La Niña entra en contacto con la alegría de ser un niño, de no tener obligaciones, de ver el mundo a través de sus ojos y no de los adultos a su alrededor. Entre las cosas que el viejo vecino le confía, está que El Principito quedó varado en uno de esos mundos y que debe ser rescatado.

Hacia el final de la película, en un nuevo giro, cuando La Niña ya conoce el mundo mágico en que viven El Principito y El Aviador, ella emprende su propio viaje, hacia el espacio, intentando salvar al niño-príncipe. Allí descubre que todo ha cambiado, incluso El Principito, que se ha olvidado del niño que alguna vez fue.

Lo que se ve

Una de las cosas más atractivas que vamos a encontrar en la película, es la alternancia entre imágenes de CGI y “stop motion”, que marcan el paso entre los mundos: el “real” y el de “fantasía”.

La historia que cuenta el libro, las aventuras del pequeño niño que pide, en el medio del desierto, que le dibujen una oveja, está hecha de un modo artesanal, como papel pintado y plegado y plasticina, con los tonos dorados y verdes que evocan las bellas ilustraciones del libro.

 

Lo que dijo el director

Mark Osborne, quien también dirigió “Kung-fu Panda”, remarcó que el libro era uno de sus preferidos desde hacía muchos años, y que quería que la película reflejase todas las emociones que había generado en él. Por eso eligió los dos tipos de animación, así como hacer una historia dentro de otra, para no agregar ni quitar nada al libro, al que considera perfecto a pesar de los años pasados desde su publicación. Para la voz de El Principito, Osborne confió en su propio hijo, y como podemos apreciar en los tráilers, no se equivocó.

 

Las críticas

Aunque están divididas entre quienes piensan que la historia se “hollywoodyzó” al agregar la parte de La Niña, también están los que agradecen, ya que es ese extra lo que permitió al estudio finalmente llevar al cine la clásica historia. Todos están de acuerdo en que es una película para disfrutar en familia, y que los más chicos van a querer ver una y otra vez las escenas del pequeño príncipe con el pelo “dorado como el trigo maduro”.